| Septiembre, 08 de 2010
La poesía venezolana ahora... justo ahora (segunda parte)Continuación del artículo en torno a la poesía venezolana en Internet que el poeta y editor Willy Mckey ofreciera en este mismo portal en actualizaciones anteriores Poesía ultraoccidental. Ya se ha dicho: a pesar de los primeros mapamundis, hemos demostrado que nuestro continente se sostiene en los arrabales de Occidente. Mientras en Medio Oriente los contratos se hacen bajo palabra y en el Este más lejano los ideogramas demuestran que el significante contiene mucho más de lo que creemos, acá ―en estos arrabales― seguimos precisando de la palabra escrita, del texto… y del hipertexto. Las infinitas posibilidades que provee la Web a los escritores de poesía se enriquecen al considerar que ―a pesar de una aplaudida explosión editorial nacional, que aparentemente aún no toca a la poesía― la llegada al lector interesado es directa. Es cierto que el papel y la experiencia del libro sigue siendo el espacio ideal para la lectura de poesía, pero la democratización de la tecnología pone en evidencia los contrastes posibles en cuanto al provecho que se le puede sacar a una misma herramienta. Los disgustos que puede ocasionar a un paseante la presencia lacónica de poemarios en las estanterías comerciales se disuelven en el ciberespacio: sin acumular papel y convirtiendo el scroll del mouse en el nuevo dedo pulgar del curioso, blogs, revistas y hasta desordenados escritorios virtuales pretenden convertirse en la profecía del anaquel infinito. Leamos, por ejemplo, una representación en bytes del estado Zulia (jugando con la geografía y considerando que el más occidental de los territorios nacionales siempre ha sostenido dinámicas culturales particulares y prolíficas). Gigavacoa. Dos blogs han logrado amalgamar virtudes y defectos del tratamiento que se le ha dado al autor según su género, con similitudes cromáticas y de diseño que hacen pensar que se trata de webs hermanas. Desde el sitio http://poetisaszulianas.blogspot.com se pueden leer textos de diecisiete "poetisas" que comparten el gentilicio zuliano, mientras que en http://poetaszulianos.blogspot.com las firmas superan los cincuenta autores varones. Es cierto que ―sin discriminar tópicos, generaciones, inéditos o consagrados― ambos blogs funcionan como una suerte de canon literario cuyo primer requisito está en la partida de nacimiento, pero este esfuerzo digital es una guía eficaz que permite atender al cuidado de una tradición poética vinculada con la noción del terruño. El blog de Per-versos: http://losmasperversos.blogspot.com, también tiene su base de operaciones en el Zulia. Sin embargo, su propuesta es menos canónica: en un ejercicio de delirio, humor y colectividad apuestan por mostrar una (¿contra?)poesía alternativa que deja intuir esa energía propia de los grupos que ―tradicionalmente― han mezclado las artes plásticas con la palabra poética. Constantes invitaciones hechas con intención de manada enriquecen casi a diario este dinámico blog que (gustos, opiniones y estéticas aparte) son agradables para cualquier lector de poesía: es una especie de guarimba ―aquella "taima" infantil― que permite creer en que la poesía aún anima. Decirlo de pie. Recientemente, en el otro extremo de la geografía, una peña de lectores de poesía logró coincidir en una trattoria margariteña. "La Parada Poética" es un colectivo mutante, itinerante, gitano, conducido desde la original diferencia entre Aymara Lorenzo y Georgina Ramírez. La intención es casi audaz: pedir atención para el poema. Locales en los cuales la evasión puede parecer la primera excusa para obtener la licencia de licores sirven de guarida ―el cubil caraqueño, por ejemplo, ha sido hasta ahora La Factoria del Enano, en Bello Monte― para los grupos que se congregan a elevar la voz por encima de las mesas y enunciar así sus poemas. Sin embargo, el poema siempre necesita ser revisitado: tal requisito para la itinerancia propia del proyecto sólo es posible en el no-lugar de la Web. Otro blog: http://laparadapoetica.blogspot.com permite que asistentes y ausentes de esos encuentros puedan ver la palabra hecha forma y así, con la luz del monitor, tener en el texto un lugar propio y desprovisto del bullicio donde se oyó por primera vez. Ser distancias. Despiertan un interés particular algunas (ciber)voces cuya presencia en el papel no ha desaprovechado el escenario del blog: voces movidas de lugar. Veamos tres ejemplos, siendo el primero Hernán Zamora y sus "Crónicas del Asterión" [http://cronicasdelasterion.blogspot.com]. Zamora es arquitecto; Asterión es el nombre del minotauro: un poeta perdido en la urbanidad de un laberinto que sabe cómo ha sido levantado. El ritmo esporádico de la vitalidad de este blog es producto un conjunto de vocaciones que logran coincidir en la palabra. No se permitan el fácil extravío de creer que no hay columna central en este espacio hecho a medida: cada texto suma. Un poema de Eugenio Montejo; una reflexión a propósito de la ciudad; la opinión inamovible sobre un suceso. Sabe Zamora más que nadie que poiesis es hacer, levantar, construir. El ejercicio del minotauro ahora es la ciudadanización del poeta en el sentido baudeleriano (y cortazariano, si pensamos en "Los reyes"): el poeta no es sólo otro peatón; no es un flaneur más: ha sido otra cosa, habita. La segunda voz es la de Natasha Tiniacos y "Vademécum": http://natasha-t.blogspot.com. Tiniacos tiene en el acertadamente titulado blog un cuaderno abierto: allí se ejercita la anamnesis, la memoria reflexiva, el ejercicio es anotar-esto-para-no-olvidarlo. La pluralidad en sus etiquetas (Apuntes de naufragios; Humanae personae; La terquedad del ojo; Las hojas del abandono; Poética; Sonidos; Sustantivos; Traducciones) son como separadores que ponen en evidencia un orden cuidadoso. Sin embargo, es escrito por una poeta que no pone en evidencia sus textos de creación ―al menos no directamente; y cuando lo hace, duran poco tiempo on-line―, pero permite atender a los contagios posibles en la Nueva Orleans donde reside, lejos del occidente venezolano natal. Así, aunque la poética de Tiniacos no esté manifiesta en poemas, lo está en gérmenes: todo asombro se incorpora a esta suerte de alcancía de capitales simbólicos que, incorporados, pueden o no devenir poemas (o canciones). La tercera voz, Luis Moreno Villamediana y su "Humor vagabundo" [http://contrapaso.blogspot.com], permite una reflexión pendiente: el blog como sustituto no-hemerografiable de la columna. La cualidad ―y calidad― crítica de la palabra de Moreno Villamediana se sostiene con una periodicidad tal que hace posible visitarlo con frecuencia con las dos intenciones clásicas del antiguo columnista de prensa: por costumbre o para enterarse de algo que, seguramente, viene bien saber. Aunque la velocidad es implacable con los medios electrónicos, "Humor vagabundo" es uno de los pocos casos en los cuales la irregularidad temporal y la longitud ―o densidad― de los textos no se convierten en un problema. Voces movidas de lugar. Distancias distintas. Siempre resulta difícil explicar si estos especímenes obedecen a la crisis de los espacios impresos para hacer crítica cultural, a la democratización tecnológica o simplemente a la calidad de lo escrito: el hecho es que sucede y, aunque algunos no lo crean, los contadores de visitas son determinantes. En La Ballena Blanca. Hace menos de un año, Diómedes Cordero ―en un gesto que conservo en la memoria como una amable provocación del profesor― criticaba en la iniciativa de El Salmón-Revista de Poesía cierta pretensión de custodia, de vigilia, de anacronismo orgulloso. Él consideraba ―supongo que lo hace aún― que esa labor correspondía al Estado y que los espacios impresos que surgían debían dedicarse a publicar la palabra poética que estuviera escribiéndose ahora… justo ahora. Creo firmemente que eso es imposible: las velocidades creativas contemporáneas ―quizás deba escribir "actuales"― son exageradas, feroces. Hace treinta años, Rafael Cadenas escribía en Anotaciones que "la cultura es cosa de tiempo, paciencia, lentitud. En este terreno se estrellan las velocidades modernas". Los criterios para llevar algo al papel, entonces, tienen la responsabilidad de estar atentos a ese gran laboratorio creativo que son los websites: esa dimensión que ha puesto en entredicho la noción de "autor inédito" que teníamos hasta hace unos diez o quince años. Sólo así la publicación no cometería los excesos que tanto criticamos como megaexposiciones o un-libro-cada-día, del aquí cabe todo y sin curaduría alguna (la edición no es otra cosa que un oficio curatorial). Mantenerse atentos a Internet ahorraría dinero, papel, tinta… y tiempo. Quizás es cierto que el Estado y sus políticas culturales ―con instituciones repletas de poetas reconocidos― debería estar más atento a nuestro patrimonio poético, pero el ritmo al que avanza un proceso tan común como la digitalización del archivo de la Biblioteca Nacional (o la simple esperanza de un sistema de búsqueda confiable y digital, al cual todos tengamos acceso) desanima un poco. Mientras tanto ―y gracias a Google, o a Blogger, o al lector interesado―, una poeta cumanesa de dieciocho años que apenas empiece a versificar puede colgar (ahora… justo ahora) sus textos en cinco pasos básicos, colocándolos por medio de un link en cada rincón del mundo. Probar si su trabajo tiene un buen potencial poético, recibir comentarios sobre sus textos y corregir los que crea conveniente antes de ir a imprenta es una oportunidad que, por ejemplo, José Antonio Ramos Sucre no tuvo. Cierto que sin eso llegó a ser dueño de una voz extraordinaria… pero qué tarde nos enteramos: ni siquiera Otto De Sola pudo incluirlo en aquella importante antología de poesía venezolana. Y es que ya no corren nuevos tiempos para la poesía: navegan. Willy McKey |